Cuando las cosas salen mal, siempre aparece el católico, o evangélico, o opusino, o lo que sea, que te repite esa famosa frase que por repetida, pierde su fuerza y su sentido: "Cuando Dios cierra una puerta, abre una ventana". Y ahora bien, mi pregunta es: ¿para que te tires por ella?. Bromas aparte, no soy tan catastrofista. Pero me llama la atención la frase. ¿Es ése el summum del conformismo o sólo me lo parece a mí? ¿Es esa la forma que tiene Dios de decirnos: "mira chaval, ésto es lo que hay, lo tomas o lo dejas"? ¿O es nuestra excusa para dejar de pelear y aceptar la derrota?
Y ahora pregunto...en tal caso...¿se molesta Dios si tratas, por todos los medios de volver a abrir esa puerta? ¿No le estamos demostrando así a Él y al mundo entero que por muy mal que se pongan las cosas, nos vamos a mantener firmes y vamos a seguir adelante? Esa es mi filosofía (o política, como prefiráis). Si la vida me cierra una puerta, busco el modo de abrirla de nuevo, y por supuesto no me quedo esperando a que me abra la ventana, no. La ventana se destroza de una pedrada, si hace falta. Y se sigue adelante. SIEMPRE.
Si, venga, decídmelo. Qué me rayo demasiado. Si, vamos decidlo: es mi gran defecto. Y yo os respondo: si todo en la vida es relativo...¿no puede ser que mi talón de Aquiles sea a la vez mi gran arma?
Hace 7 u 8 años, en mitad de uno de esos momentos "exaltación de la amistad", un compañero de fatigas se sorprendió tanto de forma de desembolverme en situaciones "difíciles" que tuvo que apartarme del grupo y hacerme una confesión:
"Envidio tu capacidad de, incluso en el peor momento, ilusionarte constantemente con cosas nuevas. Y te envidio porque la mayor parte de la gente no tiene esa capacidad, se limitan a desilusionarse con todo y tirar la toalla".
Hace unos días me lo volví a encontrar y me volvió a decir lo mismo. Es como si me alimentase de emociones y aprendiera a digerirlas y a sacar de ellas lo que quiera en cada momento. Y eso se transmite. Y si se quiere, se contagia.
Siempre he querido tener un hermano mayor que me aconsejase sobre determinados aspectos de la vida. Pero nunca lo tuve. Y lo sustituí por amigos, en los que me apoyaba y a los que les pedía consejo. Gente en la que yo creía porque habían salido de situaciones difíciles y gente que había conseguido auténticas proezas. El problema es que el ser humano suele adolecer de problemas derivados de su EGO. Y ni los héroes son tan héroes si los perdedores tan perdedores.
Ni la capa te convierte en superman, ni inflar el dramatismo te convierte en héroe. Así no es extraño que los alumnos suelan superar a los maestros. Y aún peor, el maestro (a menos que sea un maestro, DE VERDAD) nunca quiere aceptar que ha sido superado. Mientras todos ellos se encuentran estancados en el pasado y buscando excusas para justificar sus fracasos, aquí uno, a la chita callando, ha dejado sentenciada la guerra en los 2 frentes que más le dañaban.
¿Y cual ha sido la clave de la victoria? Pues acabar asumiendo que por muchos consejeros que tengas, la única persona en el mundo que te conoce al 100% eres tú mismo. Y que al final vale más la pasión y la intuición que dictarse por los resultados de las vidas de otros.
Y ahora soy como un Terry Malloy que se ha cansado de callarse. Porque no hay que callarse, ni hay que rendirse.
sábado, 18 de octubre de 2008
Catársis (I)
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