domingo 21 de diciembre de 2008

Elecciones instintivas. O de cómo encontré "The Fall"

Hace tiempo que vengo dándole vueltas a mis ideas sobre el arte y la soledad. Aunque parezca mentira, conforman una pareja de lo más bien avenida. Llega un momento en la vida de todos en la que descubrimos que para bien o para mal, estamos sólos en este mundo. Antes de que la muerte nos iguale bajo su manto negro y decrépito, acabamos por darnos cuenta de ello, pero aún antes, será la soledad la que se erija como juez y jurado de nuestra condición humana: si algo tienen en común muchos de los grandes pensadores, filósofos, escritores, músicos o directores de cine con los fracasados más recalcitrantes que han pisado este mundo, es que todos acabaron SOLOS. Todos divorciados, alcohólicos, y adictos a cualquier cosa que llene ese profundo hueco que a modo de sumidero, los acaba consumiendo.
Y...¿porqué los grandes artistas acaban destruyéndose?

Pues porque el ARTE es IMAGINACIÓN.
La IMAGINACIÓN es PASIÓN.
La PASIÓN es AMOR.
Y el AMOR es DOLOR...porque es inalcanzable.

Me encanta esa capacidad del cine de reflejar las pasiones humanas. Veo todo tipo de cine.¿Por qué? Porque elijo usando mi instinto, o mi intuición, o como quieran llamarlo. De éste modo si he tenido un mal día, veré antes una comedia ligera de Ben Stiller que un dramón del último gafapasta que hace furor entre los elitistas (¡JAJAJA! risa irónica) festivales europeos. Y la verdad es que ésta política me ha venido siempre bastante bien: de las más de 200 películas que tengo en mi lista de espera, siempre he acabado eligiendo, casi por arte de magia, las películas en el momento adecuado en el que más podía disfrutarlas: el maestro aparece cuando el alumno está preparado.
El último ejemplo de ésto ha sido "The Fall" de Tarsem Sigh. Es la historia de un extra de cine que para impresionar a su novia, que le ha abandonado por la estrella de la película en la que participa, decide efectuar un "más difícil todavía" que casi le provoca la muerte y lo deja inválido. La caída, a la que hace referencia el título. En el hospital en el que le tocará recuperase de ella, conoce a una niña rumana que apenas domina el idioma, y que se ha partido un brazo al caerse de un árbol cuando estaba recogiendo naranjas. En un primer momento, son ambas caídas lo que los unen. Posteriormente, la fuerza de la IMAGINACIÓN: promete contarle la historia más bella del mundo. A cambio, ella le hará un favor que no desvelaré para no spoilear ésta obra de culto. Todo en ésta película está concebido, jústamente, como metáforas a modo de piezas de un enorme puzzle que, una vez encajadas, conforman uno de los mayores espectáculos visuales que se han presenciado en una pantalla de cine: localizaciones en 28 paises, 4 años de rodaje, una fotografía que enamora a la retina, un diseño de vestuario apabullante...y sobre todo, un trasfondo nétamente poético y profundamente sincero. Una pequeña joya.
Ésta película me ha servido para reflexionar jústamente sobre todo lo que comento arriba: la historia que le cuenta a su pequeña nueva amiga cambiará para bien o para mal según su estado de ánimo, cumpliendo a la perfección la anterior lista de deducciones: la imaginación es pasión, la pasión es amor y el amor es dolor, sobre todo si no es correspondido. Y será justamente ese amor no correspondido el que acabe lastrando la historia más bonita del mundo. Y nuestra búsqueda de lo imposible, nuestras vidas. La felicidad no está en desear, sino en encontrar.
Decía Billy Wilder, en sus conversaciones con Cameron Crowe, que al cabo de los años se había dado cuenta de que en las épocas en las que estaba triste hacía comedias, y en los periodos en los que era feliz, hacía dramas, como si de un modo instintivo, tratara de equilibrar la balanza emocional. Como véis, ni siquiera Billy Wilder podía evitar dejarse llevar por sus pasiones.
Y si un genio como él no podía...¿quién puede?

1 elucubraciones mentales:

misskatanga dijo...

Ostras! esta peli la vi empezada el otro día..y flipé!!!
sólo vi el final!!
la buscaré!!!
me pareció genial!